miércoles, 25 de enero de 2012

...Y comieron perdices

Perdices virtuales quiero decir, porque de las de verdad, ni los andares. Hablo del resultado de tanto voto al PP como para concederle el gobierno central y los locales de prácticamente toda España, pues aunque faltan las andaluzas, yo apostaría a que en línea con el resto del país, en aquella región también le regalarán la mayoría absoluta a los chicos prometedores –en el sentido de que se les llenaba la boca de prometer cosas–, a la actual y vieja esperanza blanca de ese partido, por cierto que hasta ahora una esperanza silenciosa, pues no ha abierto la boca para hablar a los españoles desde que hace más de un mes ganó las elecciones generales.¿Acaso este superman no prometía un cambio en la situación de España, casi de un día para otro?, porque como cambios tangibles sólo se perciben la contradicción con lo prometido y el borrón de leyes anteriores.

Decía recientemente Javier Marías que desde que ganó el PP esas elecciones, un manto de tranquilidad y silencio parece haberse extendido sobre toda la sociedad española, atribuyendo como doble motivo para ello la contundente derrota de la izquierda por un lado y de otro la verdad incuestionable de que la bronca diaria a que hemos estado sometidos los últimos años ha sido la de quienes no soportan estar apartados del poder –que consideran suyo por derecho natural y divino– y que una vez alcanzado, la izquierda no toma el relevo de aquel estilo de oposición que les caracteriza, porque pese a ese dicho de tantos revolucionarios de pañuelito palestino, la ecuación PSOE = PP no se cumple de una manera absoluta, aunque es más cierta de lo que me gustaría.

Por desgracia, no me resulta posible una discusión tranquila y argumentada con los amigos que apoyan al PP, porque su afección es similar a la que les hace hijos sumisos de la iglesia católica, es decir, de razonamiento nada de nada y respuestas violentas las que sean precisas para aturdir, para imponerse. Sin embargo, me gustaría que todos esos que vociferaban contra el gobierno del PSOE me explicaran cuáles son los grandes cambios en política que han llegado de la mano del partido ganador.

Acusaban a Zapatero de no cumplir sus promesas, lo que era solamente parcialmente cierto y curiosamente esos incumplimientos fueron para favorecer a la derecha, como el caso de la subvención millonaria a la iglesia católica que en contra de lo prometido –disminución– fue aumentada. Lo acusaban de llevar el país al caos y la ruina y también de contradicciones y titubeo en la toma de decisiones. ¿Es que soy el único que ha oído hablar de que nuestra economía se basaba en el turismo y el ladrillo?, ¿soy el único que ha oído hablar de la crisis mundial y especialmente europea, que ha llevado a la ruina a países como Grecia (con un gobierno de derechas) o Irlanda (otro tanto)?, ¿era realmente Zapatero un "radical extremista" como decía el PP o un político apocado incapaz de acometer las reformas por las que la izquierda lo llevó al poder?

Ahora sería de agradecer que explicaran cómo calificamos la inmediata subida de impuestos (cuando durante toda la campaña se prometió lo contrario), el no mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones (porque lo del 1% es una broma cruel, más si tenemos en cuenta tan solo la subida del IRPF y el IBI), la instauración del copago en Justicia (acabo de oír su anuncio al insigne Gallardón), y en fin, tanto recorte como estamos sufriendo y los que nos esperan, porque lo revelado hasta ahora no es más que un modesto avance del total planeado porque, según dicen a todo el que los quiera escuchar, tras las elecciones andaluzas vendrá lo que de verdad es su plan de gobierno. Al fin y al cabo, el señor Rajoy no es más que una Margaret Thatcher sin ideas y sin carisma, o sea, el vacío más absoluto o si lo prefieren más claro, un zoquete mentiroso; acaso, un fiel cumplidor de las instrucciones que van llegando desde Alemania.

Hablando de contradicciones, no llevan ni un mes y ya Sáenz de Santamaría ha tenido que contradecir y rectificar lo afirmado por los ministros de Hacienda y Economía. Claro que cuando lo hacen ellos seguro que el nombre es otro, agilidad política o adaptación inteligente a las circunstancias, supongo.

Por encima de tanto botarate y tanto seguidismo, hay economistas que se están quedando afónicos de anunciar que intentar acabar con la crisis a base de recortes, sólo conduce a una recesión que generará más crisis. Pero ya se sabe: los recortes son unas medidas muy fashion y mientras no se ordene otra cosa, hay que seguir los dictados de esa otra dama de hierro que es la canciller de Alemania, una resentida ex-súbdita comunista empeñada en dejar que el mercado corretee a sus anchas.

Se acercan las elecciones andaluzas, pero hay que darlas por perdidas. La insistente propaganda del PP durante tantos años ha calado más hondo de lo que se supone y hoy en día lo que impera es por encima de todo la actitud anti-PSOE, aunque muy poquitos sean capaces de dar una explicación racional a esa fobia.

En cuanto a los chicos del 15-M hay que agradecerles que cumplieran con creces su verdadero cometido: alejar a los votantes progresistas de las papeletas del PSOE o incluso de las urnas, para que al fin el eterno fracasado llegara al olimpo con el que tanto soñó. Y por cierto, ya está en la Moncloa, pero gracias al don de la ubicuidad concedido por su particular espíritu santo, continúa siendo simultáneamente registrador de la propiedad en Santa Pola (Alicante), cargo que ocupa desde hace más de 20 años. Ya saben –una variante del dicho–, "a dios rogando y el cazo aprontando".

miércoles, 4 de enero de 2012

La ¿dama? de hierro

Es fácil achacar a una conjura o conspiración internacional la exaltación de algún personaje históricamente nefasto, porque cuesta trabajo aceptar que esa acción sea casual y no obedezca a un propósito oculto. Sabemos que Hitler o Stalin no tienen nada que hacer en cuanto a su posibilidad de hacerse popular y casi lo mismo podría decirse del ex presidente Richard Nixon, que fue apeado de su relevante posición precisamente por los mismos que le eligieron. Si EE.UU. decide que un líder pertenece al grupo de los malos está perdido, porque es en ese bando donde permanecerá por los siglos de los siglos.

Sin embargo es para mí una sorpresa esta especie de hagiografía cinematográfica de esa mujer cuyo apelativo de La dama de hierro (título de la película) no aclara el daño que causó a buena parte de la humanidad. En el mejor de los casos, sobre Margaret Thatcher, adoradora confesa de Milton Friedman, y amiga y defensora en su tiempo del mismísimo Pinochet, debería haberse extendido un pudoroso manto de silencio tanto por quienes se han visto afectados negativamente por las consecuencias de su política, como por sus admiradores incondicionales, caso de la manipuladora Esperanza Aguirre o el incalificable José María Aznar.

Por el contrario, en un alarde de oportunismo, se realiza una película en la que al parecer –según lo que he podido leer, pues no ha sido estrenada aún– se lleva a cabo una auténtica beatificación laica de quien debería ser considerada autora de crímenes contra la humanidad, presentándola incluso como una abanderada del feminismo. Un apunte curioso: la directora del film es la misma que la de "Mamma mia".

La lista de fechorías cometidas por la señora Thatcher, durante su etapa de gobierno (1979-1990), buena parte de ella en colaboración con un estúpido peligroso llamado Ronald Reagan (1981-1989), es interminable. Como es lógico, inicialmente el daño lo sufrieron los ciudadanos del Reino Unido, pero de una u otra forma su iniciativa de despojo de los derechos ciudadanos terminó afectándonos a muchos, puesto que abundan quienes están dispuestos a imitar todo lo que suponga lucro personal o de su grupo a costa de los demás. Dijo aquello de que "el Estado es el problema y el mercado la solución" y el resultado de su acción de gobierno aún perdura y sentó las bases de lo que ahora vivimos, el arrasamiento del estado del bienestar en nombre de un mal llamado liberalismo.

No sé por dónde comenzar la cuenta de las acciones de esta señora: la caída o desaparición de los servicios públicos que incluyó desde los –hasta entonces– impecables ferrocarriles británicos, a la supresión de la leche gratuita en las escuelas de primaria; restringió el derecho de huelga y aumentó la facilidad para el despido de los trabajadores, luchó contra el poder de los sindicatos hasta casi hacerlos desaparecer, privatizó numerosas empresas estatales, triplicó las cifras de paro, etc. etc. y como remate la guerra de las Malvinas, en la que aprovechando la debilidad de la dictadura argentina y el apoyo logístico y diplomático de los EE.UU. (y del Chile de Pinochet) llevó a cabo una auténtica masacre entre los jóvenes argentinos alistados en aquel ejército. Solamente el hundimiento del vetusto crucero Belgrano supuso la muerte de más de 300. La estupidez de aquella dictadura puso al alcance de la primera ministra esta operación de prestigio militar y lo cierto es que los británicos, nostálgicos de sus tiempos imperiales, la premiaron con una notable subida en su popularidad, pese a que en aquel momento la situación del país era tan desastrosa que casi la cuarta parte de los niños británicos estaban por debajo del umbral de pobreza.

Me duelen este tipo de películas que, planteado desde Hollywood como un negocio a costa de lo que sea, otorgan prestigio a figuras que decididamente merecerían lo contrario y lamento que la intérprete escogida para el papel de Margaret Thatcher sea una actriz a la que respetaba hasta ahora por su profesionalidad y trayectoria. Por descontado, que no cuenten conmigo como espectador y deseo de corazón que el film sea un fracaso de público, aunque contando con la falta de escrúpulos y conocimiento histórico actuales, todo es posible; hasta que la película sea un éxito en la propia Argentina.