domingo, 25 de noviembre de 2012

Catafornia



Encontré en el disco duro de mi PC este apunte, que escribí en 2007 y publiqué en otro blog allá por 2009. No es gran cosa, pero es curioso que podría escribirse hoy mismo por idénticos motivos.

Existe un bello territorio de unos 32.000 Km2 en el que habitan casi 8 millones de habitantes, llamado Catafornia. Sus habitantes hablan actualmente el idioma inglés, aunque hasta hace unos 160 años el idioma predominante era el cataforés y más remotamente, quizás alguna otra lengua indígena.

Buena parte de estos habitantes lo primero que hacen cada mañana al mirarse al espejo es agarrarse un berrinche porque recuerdan que hace casi tres siglos unos violentos enemigos les arrebataron ciertos derechos. El hecho de que actualmente no quede huella de aquel arrebato no importa. Como diría el bolero “parece que fue ayer…”.

En este lugar llamado Catafornia, parte de sus habitantes en vez de preocuparse por generar una riqueza que les colocaría como potencia económica mundial, puntera en cultura, ciencia y tecnología, lo que hacen es dar la vara todos los días porque quieren segregarse del país con el que se han hecho grandes: Estados Juntados de Occidente. Insisten en que quieren hablar en exclusiva esos idiomas indígenas o si acaso el español, pero sobre todo abandonar el inglés, que al fin, solo lo hablan cuatro gatos. De momento, su principal preocupación es que su selección nacional de balonvolea pueda jugar de igual a igual con otros países importantes como Filipinas o Jamaica. Hay habitantes que anuncian incluso que no cejarán en su lucha hasta conseguir esa reivindicación fundamental insisten para la vida de todos sus conciudadanos.

Muchos casi se desvanecen de placer al imaginar a sus jugadores vestidos con los colores de su bandera nacional. Sienten escalofríos de satisfacción al pensar en un glorioso partido entre su selección nacional y la de Surinam y el prestigio mundial que les proporcionaría un triunfo contra ellos. 

Cualquier acontecimiento, por nimio que sea, es buena excusa para que saquen a relucir su bandera, canten su himno y bailen su danza nacional, algo que a nadie molesta, pero curiosamente miran con desprecio y tachan de folclóricos y casposos al resto de sus compatriotas si osan hacer lo mismo con los símbolos equivalentes de todo el estado.   

El hecho de que la mayoría de los productos que produce Catafornia sean vendidos habitualmente al resto de los Estados Juntados –su cliente cautivono tiene importancia, como tampoco lo tiene que el inicio histórico de su industrialización tuviera como pilar básico las inversiones del resto de los Estados Juntados y la concesión del monopolio de ciertos comercios con las entonces colonias. Tampoco vamos a tener en cuenta ¡menuda tontería! que los lazos de sangre, económicos, culturales, humanos, que les unen con el resto del país sean intensos.

Mirar su propio ombligo es un hábito muy extendido por el lugar y el victimismo una constante en su actitud, hasta el punto de que los habitantes del resto de los Estados Juntados están tan hartos de escuchar quejas que más de uno enciende velas para que consigan su propósito de apartarse del destino común y de esta manera facilitar que sus lamentos vayan a otra parte. 

Mientras, los servicios públicos están hechos una auténtica pena, la antes floreciente situación económica de los ciudadanos se ha venido abajo, están de corrupción hasta las cejas, pero los hábiles políticos catafornianos han encontrado la solución: echar la culpa a los demás. Y seguir a lo suyo, eso de la selección de balonvolea.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Español para españoles (21)



Sé que es muy probable que quienes me lean me consideren un desequilibrado, si es que no me tienen por tal desde hace tiempo, pero me preocupa el lenguaje, porque soy de la opinión de que el lenguaje es un buen escaparate del cerebro que está detrás.

A ver, ¿cómo voy a confiar, cómo voy a valorar a un ministro que se expresa como un patán? ¿cómo voy a creerme que alguien tiene conocimiento para sacarnos de la crisis, si no sabe hablar y su discurso está lleno de disparates, tópicos y todo tipo de aberraciones? Hace pocos días vi en el telediario al ministro Montoro y aparte de espantarme con sus mentiras, tan evidentes que todos diputados las han valorado como tales salvo sus cómplices de partido, me ha dejado gramaticalmente apenado tras escucharle eso de “poner en valor” y “como no podía ser de otra manera”, que son de los estribillos más utilizados por los iletrados, hasta Forges tiene chistes sobre el uso de estas frases hechas. ¿pero es que este tipo no fue al colegio cuando niño y en casa sus papás en vez de hablar chamullaban?

No es de extrañar por supuesto que la importación de frases del inglés que mal se traducen sean frecuentes, porque se juntan la manía de hacerse el moderno con el desconocimiento del idioma extranjero del que se pretende hacer ostentación y, naturalmente, de la propia lengua española.

Un ejemplo notable es eso de tienda de conveniencia, traducido directamente de convenience store, cuando da la casualidad de que “convenience” significa “comodidad” y no “conveniencia”, como “confidence” es “confianza” y no “confidencia” y “sensible” es “sensato” y no lo que aparenta, ¿es que no han oído hablar de los falsos amigos?. Hasta los países hispanos se han saltado esa traducción macarrónica y en varios de ellos llaman a esos establecimientos bodegas, mini super y otras denominaciones acertadas.

¿Cuántas veces oímos por televisión y a quienes nos rodean la enternecedora expresión seres queridos?, ¿no es relamido y artificial? Pues sí que lo es, porque se trata de una traslación del inglés loved ones, una expresión completamente innecesaria porque en español tenemos la palabra allegados que significa eso, claro que no era tan moderna ni tan cursi… Lo más curioso es que personas de cierta edad que jamás habían oído o utilizado lo de seres queridos lo han incorporado a su vocabulario con toda naturalidad, sin atragantarse ni ruborizarse al usarlo. 

Hablando de traducciones chapuza, hay un caso que me escuece porque hasta la RAE lo ha aceptado por inevitable y se trata de una auténtica aberración; sé de lo que hablo porque estoy relacionado con la informática desde sus primeros tiempos, cuando el IBM 1401 se consideraba  una joya tecnológica, y en verdad lo era. Me refiero a la palabra justificar utilizada para referirse al ajuste de los márgenes de escritura. Había una traducción lógica y correcta a la expresión inglesa “justified right” (o left) que era “ajustado a la derecha” (o a la izquierda), pero eso era demasiado complicado para algunos cerebros y la palabra justificar pasó a poseer un significado que no tenía nada que ver con el que originalmente le correspondía, ¿qué tiene que ver justificar con ajustar?

Espero que al menos no terminemos celebrando el “4 de julio” o el “Thanksgiving Day” como cosas nuestras y además tan torpemente como todo lo que copiamos. Recuerdo a propósito lo que me contaron unos amigos de Puerto Rico cuando visité aquellas tierras hace años: me relataban que se había dado el caso de algunos puertorriqueños ¡por favor, no digan portorriqueños! poco ilustrados que habían puesto a sus hijos el pintoresco nombre de Guivin, porque tal y como ellos interpretaban el sonido en inglés de “Día de Acción de Gracias”, les parecía que era la celebración del día de San Guivin. Pues para eso mismo vamos, queridos Yéremi, Yónatan, Yénifer…

martes, 13 de noviembre de 2012

Juventud, divino desdoro



Me resistía a escribir sobre un tema demasiado espinoso como es el de la juventud, pero me he dado cuenta de que las posibilidades de que alguno de ellos lea este blog vienen a ser las mismas de que Rita Barberá tome conciencia de su zafiedad y rufianiería e ingrese en un convento como carmelita descalza, así que voy a soltar lo que me apetezca sobre el asunto aunque en la seguridad de que será incompleto, porque el tema da para mucho.

Todo viene a cuento de que ayer un familiar con el que mantengo una afectuosa relación, me pidió que tratase de conseguirle para su hija mayor, de 24 años, el libro Breaking Dawn (Crepúsculo) así, en inglés y en formato electrónico. Traté de complacerle al tiempo que me apenaba comprobar que una joven, a la que considero bastante inteligente, forma parte de esa masa de adolescentes deslumbrados por lo que los medios llaman “una saga” y yo "un folletón intragable" (acepto que no lo he leído, claro, no soy un catavenenos).

De ahí pasé a reflexionar sobre cómo veo yo a la juventud actual, entendiendo arbitrariamente como tal la que va desde los 16 a los 24 años, más o menos. No es nuevo contemplar a las nuevas generaciones desde la distancia de la madurez o la vejez como un conjunto de irresponsables, tampoco es mía la frase “la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo”, pero creo que es muy cierto que las transformaciones sociales que los jóvenes han asimilado han sido vertiginosas y rotundas, principales víctimas de la revolución tecnológica y del espíritu de nuevos ricos que los españoles padecimos hasta llegar a la situación de ruina actual, de la que muchos no han tomado conciencia todavía.

No son especialmente aficionados a la lectura, pero cuando lo hacen se limitan a novelas gráficas o best-sellers y no precisamente a los escritos por Ken Follet o Ruiz Zafón, por poner algún ejemplo. Lo que les importa es poseer el último smartphone, y recibir mediante esos trastos toda la información que a diario digieren, principalmente a través de lo que llaman “redes sociales”.

Hemos tenido un ejemplo de la conducta gregaria actual en los tristes sucesos del Madrid Arena (por cierto que vaya nombrecito, también de importación). Cuando yo andaba por esas franja etaria, había quienes se iban a locales del tipo La Tuna o Consulado en Argüelles para asistir a Jam Sessions en la primera o a la “gran” discoteca segunda, situada a no muchos metros de aquel local, nada que ver con estas aglomeraciones actuales en las que, aparte del comportamiento irresponsable y exclusivamente mercantil de los organizadores de eventos, quienes acuden no ponen reparos a reunirse bajo un mismo techo en número superior a los quince mil, bailando y saltando a un tiempo, ensordecidos por el estruendo ambiental. Bueno, y algunos haciendo otras cosas menos recomendables.

Como experiencia inmediata, hay cerca de mi casa un centro de formación profesional que podríamos clasificar de élite por el tipo de enseñanzas especializadas que imparten. Es habitual que algunos de sus jóvenes alumnos en los ratos libres penetren en el interior de mi urbanización algo prohibido mediante letreros, pero no tenemos guardias de seguridad que lo impidan y ya se sabe: no se respetan normas si no existe castigo severo e inmediato, formando un grupo que se refugia bajo la protección de una cornisa. Allí orinan contra la pared, delante incluso de las compañeras del sexo femenino mientras charlan con ellas y a la vista del vecindario; consumen comidas y bebidas cuyos restos arrojan al suelo sin más contemplaciones y allí proceden al ritual grupal de liarse unos porros que también liquidan con el mayor desparpajo; si tengo la ventana abierta puedo disfrutar de un colocón gratuito. No tengo nada que oponer a esas actividades si les place, pero ¿es mucho pedir que tengan el decoro de hacerlo en sus casas? Y no sirve de nada llamar a la policía municipal, porque ya se sabe que esos perezosos funcionarios están al servicio exclusivo de los munícipes con cargo.

Disponen estos jóvenes de unos medios económicos de los que no podíamos ni soñar antes, aun teniendo en cuenta el cambio de los tiempos y, en muchos de esos casos si no la mayoría, el dinero les ha sido proporcionado por los padres –unos pringaos, ya se sabe– entre otras razones porque el paro juvenil llega al cincuenta por ciento. Me pregunto, ¿alguno de estos angelitos sabe lo que es jugar al parchís o las damas?

Con las debidas excepciones, les da igual quien gobierne o las leyes que se promulguen, pues su hedonismo les impide ver algo más allá de lo inmediato y de lo que no sea pasarlo bien. ¿Solidarios? Puede que algunos, pero el otro día pude comprobar hasta qué punto; un bárbaro golpeó mi coche que estaba aparcado y cuando pedí a un grupo de jóvenes, que se encontraba a menos de dos metros apoyados contra el escaparate de un comercio, que contaran a la policía avisada por mí– lo que habían presenciado, no conseguí arrancarles ni una palabra y sí sonrisas de burla. 

Sé de lo que hablo, porque convivo con un ejemplar de 21 años, que ciertamente es una de las mejores personas que conozco, pero aun así no se libra de la maldición generacional. También tengo sobrinos, hijos de amigos, etc. y si bien eso no me autoriza a emitir generalizaciones, admitamos que tenemos –a través de los medios– suficiente información como para saber sobradamente con quiénes nos jugamos los cuartos.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Forofismo político



No sé si se lo he leído a alguien por algún lado o he sido yo el que lo ha dicho en otro comentario. Da lo mismo, porque no es ningún secreto y cualquiera sabe que se trata de una verdad casi absoluta (sí que existen).  Me refiero a que cuando hay que acudir a depositar el voto en alguna de las convocatorias electorales, una buena mayoría escoge por puro forofismo, igual que escogería a su equipo de fútbol porque es aquel en el que ha depositado sus eternos sentimientos de amor y fidelidad.

Nada de leer el programa con el que un partido político se presenta, nada de repasar con espíritu crítico las últimas hazañas de ese partido, sea desde el gobierno o desde la oposición.

Acepto que todos tenemos sobre más o menos un comportamiento similar, pero en ese “más o menos” radican ciertas diferencias éticas muy importantes y a la vista está el descenso tremendo en el número de votos al PSOE y el escasísimo o nulo desgaste en los del PP. Todos damos por sentado que los que votan a los partidos cercanos a nuestros ideales son inteligentes y despiertos, lo contrario a los que apoyan a esos partidos tan lejanos a nuestro sentir, pero… hay más verdad de la que parece en ese supuesto contemplado desde la izquierda y en sus consecuencias; los votantes de derechas no castigan la corrupción, la ineptitud y la indecencia en sus políticos. Estamos en desventaja y por eso el PP ganó las elecciones generales con mayoría absoluta con menos de un 1% de incremento en sus votantes, mientras que el PSOE perdió casi un 40% de ellos y se hundió. Se trata de cifras comprobables. En las elecciones gallegas, el PP ha sacado 3 escaños más que en las anteriores, pese a un descenso significativo en los votos conseguidos, ¿seguimos jugando a la abstención?

Llevamos días oyendo a los mandamases del partido en el gobierno decir que sus medidas restrictivas están avaladas por el respaldo que le han dado en las recientes elecciones gallegas, lo que implica la presunción –no se lo creen ni ellos– de que todos nos identificamos con el sentir de los gallegos y me temo que no es así –yo desde luego, no soy ni me siento gallego–, allí el incalificable Mario Conde ha conseguido casi 16.000 votos, ¿cómo puede ser que nadie quiera que ese indeseable le represente? Hay más descerebrados de lo que nos imaginamos, en todas partes.

Y estamos condenados a que siempre nos gobierne el PP, porque los votantes de izquierda poseen –lo siento, pero los hechos cantan– un espíritu crítico que los de derecha ni olfatean, por eso se castiga merecidamente al PSOE por tantas mentiras, por tantas torpezas a las que nos ha sometido cuando gobernaba. Desde aquella entrada vergonzante en la OTAN después de años diciendo lo contrario, al incumplimiento de las medidas respecto a la iglesia que incluían en su programa de 2008, hay una larga lista de falsedades, engaños y complicidades con quien no correspondía…

El resultado está a la vista: no solamente tenemos al PP con casi tanto poder en sus manos como el que tenía su añorado caudillo en sus mejores tiempos, sino que esto no tiene trazas de acabar nunca, pues el PP conserva su mayoría en la intención de los votantes –es decir, de los que piensan seguir votando– aunque nos estén masacrando con sus políticas.

¿Cuál es la solución, el 15-M, el 25-S? Pues mientras que eso no cristalice en algo concreto –y me temo que nunca lo hagan– seguiremos igual. Y a ver quién puede en el futuro dar marcha atrás a –por ejemplo– las numerosas privatizaciones que están llevando a cabo entregando todo a sus amiguetes. Un recorte puede enmendarse, pero una privatización o una ley –no digamos si es orgánica tiene difícil remedio.

Hay que castigar al PSOE, cierto, pero eso me recuerda aquello de que se fastidie el sargento, que hoy no como rancho. Yo diría que hay que votar a algún partido de izquierdas, el que sea, aunque no sintamos gran entusiasmo por él, pero en contra de lo que piensan quienes se quedan en casa los días de elecciones, esta actitud pasiva equivale –ya lo ven– a un apoyo explícito a quienes quieren eliminarnos del mapa.

¿Por qué ese rechazo generalizado al PSOE y ese apoyo más generalizado todavía al PP? Lo digo porque quienes sostienen que PP y PSOE son la misma cosa están equivocados. Los del PSOE han traicionado a sus votantes muchas veces, demasiadas, pero el PP no necesita ni traicionarnos, les basta ser fieles a su falta de principios y tirar adelante con sus adeptos. Recuerden, la derecha nunca se queda en casa cuando hay elecciones, son –ya lo dicen– inasequibles al desaliento.

*En la foto, E.Aguirre en postura mosaica mostrando las tablas de la ley del "donde dije digo...".