miércoles, 20 de febrero de 2013

¡Muérase, Mr. Adelson!



Hoy he visto en el telediario a los habitantes de Alcorcón presentando en el ayuntamiento sus solicitudes de trabajo para Eurovegas y de inmediato se me ha venido a la cabeza la película Bienvenido Mr. Marshall y más concretamente la escena en la que los vecinos del pueblo hacían cola para contarle a un funcionario del ayuntamiento qué regalo querían recibir de los americanos que estaban al llegar.

Es triste comprobar a dónde puede llevar la penuria de unos y el bajo precio que otros ponen a su dignidad. Según parece, hay en el pueblo discrepancias acerca de los bienes que la llegada de Mr. Adelson y su gang puede suponer. Por descontado que quienes están sin trabajo tienen más confianza en ese porvenir y he podido ver cómo un hombre hecho y derecho decía que estaba dispuesto a hacer cursos de croupier, de jefe de seguridad o “de lo que sea” para conseguir el ansiado puesto de trabajo. Es curioso que todos queramos empezar más o menos desde arriba, por pedir que no quede. Desde aquí puedo asegurarle no obstante que no será ningún puesto importante, pues ya se apropiarán de ellos los amiguetes de quienes nos gobiernan y, más arriba en el escalafón, los propios amigos de los inversores. De todas maneras que ninguno se haga ilusiones, en el mejor de los casos se llevarán apenas unas migajas y el mayor beneficio irá para los bancos y las grandes empresas, ya he leído hoy que una importante constructora es la propietaria de la mayoría de los terrenos en los que se levantará ese disparate. No hay que ser malintencionado para imaginar que con la debida antelación recibió el soplo de la futura ubicación del complejo para darle tiempo a comprar cada metro cuadrado disponible y especular, que es lo que se nos da mejor.

Ése es el tipo de bendiciones que los gobiernos del PP pueden ofrecernos, todo el patriotismo del que presumen se diluye apenas hay euros –cuantos más, mejor– de por medio. No les importa eliminar o cambiar leyes para facilitar la entrada de ese negocio de juego y –presumiblemente– mafia y prostitución. Aparte del humo del tabaco que según promete el chulesco presidente de la Comunidad de Madrid se desprenderá de lo que fumen los clientes, pues ya se sabe que para estos políticos las leyes van desvaneciéndose según la oferta que reciben. 

Cuando ya pensábamos que no había nada más repugnante que ver a Esperanza Aguirre reírle todas las gracias al ganster decrépito para conseguir situar en Madrid el proyecto de macroprostíbulo, hemos podido comprobar que todo es superable al contemplar al actual presidente madrileño don Ignacio González hacer lo propio, pero con menos desparpajo.

De momento, puede leerse en la prensa que la inversión inicial prevista de Mr. Adelson ya ha pasado de los iniciales 6.750 millones prometidos a 2.700, una rebaja notable, pienso yo, y mucho me temo que esos más de doscientos mil puestos de trabajo que prometía Esperanza Aguirre queden en bastantes menos. Tampoco es que importe mucho, si el PP se ha apresurado a gestionar el asentamiento de esa locura, es porque supone otra oportunidad de forrarse con sobornos y comisiones como ellos suelen.

Hay algo prometedor: el primer hotel de Las Vegas en Nevada (USA) fue mandado construir por un ganster y su equivalente en Alcorcón lo será por otro ganster, pues no otra cosa es ese Adelson encausado ya varias veces por sus actividades en los Estados Unidos y salvado hasta ahora gracias a su riqueza y al apoyo del lobby judío, ¿influirá eso en el éxito de Eurovegas?

Tampoco hay que preocuparse; si fracasa ya se sabe, se le echa la culpa a Zapatero y se le dice a Fátima Báñez que rece a la virgen del Rocío para que lo arregle todo.

sábado, 2 de febrero de 2013

El hundimiento de los partidos



No sé a los demás, pero a mí me ha costado aceptar que, si todo marcha según se presenta hasta ahora, España entra en una etapa similar a la que hace unos 20 años atravesó Italia y su Tangentopoli (Sobornópolis en español), en la que sus dos grandes partidos –Democracia Cristiana y Partido Comunista– se fueron al diablo, y en su lugar aparecieron otra serie de partidos aún peores, que ya es decir.

Basta con leer los periódicos digitales y –muy importante– los comentarios de los lectores que casi siempre acompañan sus noticias. Todos disparan sobre los partidos mayoritarios PP y PSOE y si no fuera porque los votantes del primero son inasequibles al desaliento –y a la reflexión– nadie volvería a votar por ninguno de los dos y manifiestamente es lo que sucede en lo que respecta al PSOE, que no sube en expectativa de voto pese al espectáculo que el PP está ofreciendo al país. Prácticamente nada de lo que hagan puede mejorar este porvenir que se les presenta e incluso a la vista de sus actuaciones presentes, parece que ellos no se dan cuenta o no quieren darse cuenta de que su tiempo está llegando a su fin. Por supuesto que lo que afirmo es extensible a partidos de ámbito regional como el PNV o CiU o cualquier otro, pues no creo que se salve ninguno de los existentes; todos son ciegos y autocomplacientes.

En el PP parecen imaginar que si niegan todas las evidencias de corrupción y aprietan los dientes, esta situación pasará a ser un mal sueño. Algo parecido en el PSOE, leo esta semana un artículo en El País donde se revela que hay unos 150 pensadores del partido o afines trazando lo que han de ser las directrices para efectuar una gran renovación, pero al tiempo se habla de llevar a cabo grandes pactos con el PP y de otros propósitos que no son más que la repetición del pasado. Pero, ¿es que no se dan cuenta de que por ser tan parecidos al PP están donde están?, ¿que es imposible pactar con el PP si no es renunciando a acciones fundamentales para esa renovación?, ¿se les ha pasado por la cabeza que –por ejemplo– el PP va a permitir que se ponga en su lugar a la iglesia católica (algo que estaba en el programa electoral del PSOE en 2008) y su enseñanza concertada o penalizar fiscalmente a las grandes fortunas o acabar con los privilegios de la banca, o...?, ¿de verdad piensan que van a poder vendernos de nuevo la misma mona sin siquiera molestarse en vestirla de seda?

Soy peor que pesimista y tal y como está la situación no veo qué salida puede tener España si no es el caos y el advenimiento de un Berlusconi español para acabar de hundirnos. Parece que la inteligencia de nuestros políticos actuales no da para percibir que, o se cambia radicalmente de comportamiento o esto se ha acabado. Y respecto de la inteligencia de buena parte de nuestros ciudadanos, mejor no hablar.

viernes, 1 de febrero de 2013

Más se perdió en Cuba



Me apostaría lo que fuera a que si a alguien menor de cuarenta años se le pide que cuente lo que sabe sobre Cuba, apenas si dirá algo sobre la salsa, las playas y, cómo no, sobre Fidel Castro. No sabrá qué decir si se le pide que diferencie Cuba de la República Dominicana, Puerto Rico o Jamaica. No despertará en ese alguien ningún tipo de sentimiento, no digamos pasión o amor, y es que al fin y al cabo se juntan varios factores: de una parte, es lógico que quienes como yo nacieron cuando Cuba no cumplía el medio siglo como país independiente, consideren a Cuba como algo cercano, una parte importante del mundo al que miramos con mucho más que afecto. De otro lado, las tremendas lagunas de los sistemas educativos de las últimas décadas ha impedido que se transmita la idea, antes tan extendida entre los españoles, de que Cuba es otra cosa; Cuba era la joya de la corona y no por motivos banales, pese al mal trato que España le dispensó en los últimos tiempos coloniales.

Es en La Habana donde uno se reconoce como si estuviera visitando ciudades españolas de otra época y es frecuente que se establezcan similitudes entre esa ciudad y Cádiz, al menos en las partes más recoletas, pues no debe olvidarse que La Habana fue una ciudad de urbanismo y actividad tan notable como para compararse con ventaja con Madrid en ciertos periodos de la historia.

La gente de Cuba es cercana y basta con sentarse en algún lugar público para que alguien trate de entablar conversación y saque a relucir el inevitable antepasado español, supongo que no siempre de existencia real. Me gusta muchísimo el acento cubano y la franqueza con que entablan conversación con uno. Yo mismo, en una de las ocasiones en que estuve allá, tuve la ocurrencia de meterme en casas con excusas no muy convincentes y la gente me recibía y me hablaba con la mayor frescura sobre política o su situación personal. Un conductor de autobús turístico en el que días antes había viajado desde el aeropuerto a la ciudad, frenó al verme sentado en una terraza, me contó parte de su vida y me invitó a dar un viaje por la ciudad sin consentir cobrar nada por el servicio.

Durante muchísimo tiempo, buena parte de la música española ha sido en realidad música cubana, y ahí están para respaldar esta afirmación desde Antonio Machín a Pérez  Prado, desde Lecuona a Ignacio Cervantes y por supuesto las habaneras, ese género que hasta hace bien poco se cantaba desde Gerona a Cádiz y desde La Coruña a Murcia, demostrando que lo que nos unía era bastante más profundo que la supuesta dictadura homogeneizante practicada desde Madrid.

Desde luego, tropecé allí también con algún taxista que intentaba engañarme o aprovecharse del turista (son homogéneos a escala mundial), pero en general el trato era afable y la ventaja de tener en común –aquí sí– el idioma, facilitaba la comunicación y el entendimiento mutuo.

Pueden imaginar que recomiendo y mucho viajar a Cuba si es que se tiene oportunidad, pero no limitarse a las playas de Varadero, muy bonitas, pero ni mejores ni peores que otras del Caribe, al menos las que yo pude conocer. Lo que de verdad merece la pena es conocer las ciudades, callejear, hablar con la gente… y reencontrar a una España de la que ya casi no queda huella. Puede descubrirse que el dicho “más se perdió en Cuba” no es ni mucho menos exagerado.

Lo más triste es que España pierde de nuevo Cuba a estas alturas: la compañía Iberia, ha renunciado a volar a La Habana y cedido sus derechos a British Airways. Iberia llevaba volando a esa ciudad más de 60 años.