sábado, 29 de marzo de 2014

Cuidadito, estos no juegan

Hoy mismo encuentro en la prensa («La Vanguardia» de Barcelona) una noticia cuyos primeros párrafos reproduzco:

«Jerusalén, (Efe).- El Ejército israelí mató hoy con disparos de precisión a dos personas que según su versión de los hechos trataban de cruzar la verja que separa los Altos sirios del Golán, ocupados por Israel desde 1967.
Según un comunicado difundido por las Fuerzas Armadas, el suceso ocurrió a las 10:30 hora local cuando soldados de la unidad de élite "Golani" detectaron a las dos personas en la proximidad de la citada verja de separación.
La edición digital del diario israelí "Yediot Aharonot" detalla, por su parte, que los militares ignoraron el protocolo y ni siquiera trataron antes de detener a los sospechosos "debido a las lecciones aprendidas" recientemente y a "unas normas operativas más estrictas".»

Las conclusiones son fáciles e inmediatas. Lo primero, está claro que ni la UE ni EE.UU. van a abrir la boca por este doble asesinato, lo ha cometido Israel, así que punto final. Lo segundo es que si de verdad se quiere proteger Melilla y Ceuta, basta con traer un destacamento del ejército israelí a ocuparse de la tarea y ya podemos olvidarnos. Por el contrario, si queremos acabar con Israel, no hay más que pedirles que nos permitan proteger sus fronteras con nuestros medios y en poco más de un mes Israel habrá desaparecido del mapa y con ello un problema serio para la comunidad internacional.

Claro que esto último es hablar por hablar, Israel sabe que su eliminación está asegurada si no aplica métodos expeditivos, mientras que en la compasiva España son mayoría los que no se dan cuenta de lo que nos jugamos, quieren que las verjas se eliminen colocando en su lugar tan solo letreros de Prohibido el paso y que sea lo que dios quiera. Por cierto, no creo que las numerosas ONGs que están por el paso libre de africanos hacia España vayan a movilizarse por éste y otros sucesos similares de los que sabemos a diario, ya se sabe que todo lo que ocurra con los ciudadanos de África es necesariamente asunto de España, lo que suceda con los del Cercano Oriente, no.

Esperaba que esta noticia apareciera en todos los periódicos, pero curiosamente ninguno de los otros que leo se ha hecho eco y en La Vanguardia desapareció al día siguiente. No sé cómo interpretar esto, si como que un sirio vale menos que un africano o como decía al principio, que hay una consigna general de no difundir noticias desfavorables para Israel. No es el único caso chocante, aquí en las manifestaciones del día 22 un joven perdió un testículo y otro un ojo, ambos como consecuencia de disparos con pelotas de goma, y la repercusión ha sido menor que la de los pelotazos en Ceuta que hasta donde se sabe no produjeron daños directos en los asaltantes. La diferencia fundamental estriba en que aquellos ejercían un derecho y estos últimos estaban cometiendo un delito. Claro está que a los africanos los protegen las ONGs y a los españoles los ministros Jorge Fernández Díaz y su milagrosa Santa Teresa, Fátima Báñez y su virgen del Rocío.

Pertenecemos a un país que ignora lo que es la justicia, pero al que le encanta la caridad, por eso todo el contencioso que rodea las verjas de Ceuta y Melilla y por lo mismo el éxito de repugnantes programas de televisión como ése de TVE1 llamado «Entre todos» presentado por esa infame comedianta de nombre Toñi Moreno. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Suárez

Ha muerto Suárez y de repente parece que no hay español que no lo amara profundamente, tanto aquellos que siempre estuvieron con él como los que le traicionaron uno tras otro. Me produce escalofríos esa cola de quienes esperaban para rendirle honores en el Congreso, me recuerda a tantos que hicieron lo mismo en el Palacio de Oriente a la muerte del dictador, puro fetichismo mezclado con necrofilia.

Para ser sincero, tengo la sensación de que a pesar de ser quizás el presidente que más hizo por España, todos supimos ponernos en contra de él al tiempo que reconocíamos sus indudables méritos. La derecha lo aborrecía, la izquierda lo detestaba y los suyos le dieron la espalda. Incuestionablemente a su favor: que no se sabe que mandara dinero a Suiza ni pasó a ocupar un puesto de consejero en las empresas de energía o bancos tras dejar el gobierno, como hicieron sus sucesores.

Los mismos periódicos que estos días llenan sus portadas de alabanzas al fallecido, cuando él gobernaba lo cubrían de desprecio y descalificaciones. No acabo de entender cómo lo que entonces eran acciones de gobierno malignas y disparatadas hoy son ejemplo de equilibrio, templanza y buen gobernar. Da la sensación de que en España hay que morirse para tener la posibilidad de ser valorado en positivo, esto no es nuevo.

Si me pidieran que dijera rápidamente lo que me viene a la cabeza al oír su nombre, citaría en primer lugar que se me grabó en la mente un chiste gráfico, no consigo recordar quién era el autor pero estoy seguro de que era un humorista muy popular, quizás en la revista de humor Muchas Gracias. Fue tras su nombramiento por el rey para presidente del gobierno y se veía un par de hombres, quizás con algún signo de pertenecer a lo que entonces se llamaba bunker (los ultrafranquistas) y uno le decía al otro “¿no es fantástico?, y también se llama Adolfo…”. Era difícil olvidar que había ocupado la Secretaría General del Movimiento, lo que quedaba de Falange, y que había jurado fidelidad a los principios del Movimiento Nacional, igual que más tarde lo haría el rey casi en los mismos términos.

Lo segundo que recuerdo es una aparición en televisión la noche antes de la jornada de reflexión de las elecciones generales y aunque no consigo recordar sus palabras exactas, sí me acuerdo de que más o menos venía a decir que si ganaban los socialistas el aborto iba a hacer su aparición masiva en España. Me pareció una jugada sucia impropia de quien parecía desear la evolución del país sin crear trincheras que poco ayudarían. No me gustó nada.

En tercer lugar, imposible olvidar su valor al legalizar al partido comunista aquel sábado santo que, inevitablemente, por una u otra razón se quedó en el recuerdo de muchos, y sea cual sea el sentimiento que despierte debería admitirse que aquello supuso la posibilidad de que todo el mundo se sintiera incluido en aquel proyecto de futuro que defendía. Una decisión sorprendente y valiente, porque aunque este hombre seguía inevitablemente el guión que desde fuera le imponían, llego a creerse su papel –como el general della Rovere– y trató de hacerlo a su manera, con la independencia que pudo permitirse.

Por último, otra imagen que quedó grabada en la memoria de todos, viejos y jóvenes, porque además es repetida con frecuencia en la televisión, fue aquel gesto de valor que dejó a todos asombrados cuando en mitad del tiroteo de los hombres de Tejero en el Congreso, permaneció tranquilo en su asiento como si aquello no fuera con él. Yo era amigo de alguien que entonces estaba de diputado y me confesaba que tenía la cara pegada al suelo y que no se hundía más porque no podía. Acompañó a Suárez en el gesto Santiago Carrillo, que más tarde contaba que aquella actitud la mantuvo porque estaba seguro de que lo iban a matar hiciera lo que hiciera.

Entre medias de todo esto, unos años en los que la evolución política nos mantuvo expectantes, no había tanto tiempo para el fútbol, los guasap y todas las pamplinas que ahora ocupan el cerebro de los ciudadanos que parecen no saber que las libertades tienen que ser defendidas constantemente y que nada ha sido conquistado de manera definitiva. A la vista está.

miércoles, 19 de marzo de 2014

El libro sagrado

Hace tiempo que dediqué varias entradas de este blog (ver a la derecha en «etiquetas»: Creencias) a ese curioso texto llamado Biblia y por lo tanto si esto lo leyera alguien que ya conociera lo anterior tendría quizás motivos para decirme que soy un pesado.

Jaredíes
Hay muchísimas posibilidades de que yo sea efectivamente un pesado, pero hay que admitir que no lo soy ni de lejos tanto como quienes elaboraron ese libro y quienes lo enarbolan desde entonces casi siempre para agredir o abroncar, incluso para dar muerte, pues en su nombre se han cometido más crímenes que por ninguna otra idea en toda la historia de la humanidad.

El integrismo puede ser a veces pintoresco, como es el caso de los jaredíes –ultraortodoxos judíos–, esos patriotas israelíes sublevados porque el estado pretende que hagan el servicio militar como todos los demás, quitándoles tiempo para el estudio del librito, que los judíos llaman Tora. La verdad es que no les envidio, cierto que se libran de sus deberes cívicos y tienen resuelta su vida en el aspecto económico, pero el precio a pagar por esas ventajas es un trastorno mental del que no se vuelve. La prueba está en esos sombreros y esos ricitos y, más aún, esos implantes de barba que llevan a cabo los barbilampiños porque creen que sin ese atributo capilar no pueden ser buenos rabinos ni aparentar sabiduría.

Como ya dije en una entrada de no hace mucho tiempo, he tenido que operarme de un menisco y el médico que lo ha hecho es sin duda un tipo agradable. Otra cosa es su competencia, pues me operé a principios de diciembre, he tenido que repetir operación hace unos días y a estas alturas continúo con problemas, dolores y cojera.

Pero eso sí, no está muy claro que el médico sea de lo mejorcito, pero sin duda es un erudito en otras materias. En el transcurso de las curas del post-operatorio, me enteré de que era judío y que hablaba seis idiomas, algo poco frecuente, pero menos frecuente todavía si tres de esos idiomas son el arameo, el hebreo y el árabe.

No tengo muy claro si este tipo es judío practicante o se ha pasado al catolicismo, no me atrevo a preguntarle y sus manifestaciones me hacen pensar a veces que es de una religión y a veces de la otra. El caso es que como a mí me pasa de todo, me interrogó acerca de mis conocimientos bíblicos porque casualmente cuando él estudió arameo en Israel, su tesis versó sobre el sacrificio de Abraham en la persona de su hijo Isaac. Tuve suerte porque eso sí que me lo sabía y únicamente mostré una laguna al ignorar que ese sacrificio no consumado tuvo lugar en las cercanías de lo que más tarde sería Jerusalén y su tesis establecía un paralelismo entre ese sacrificio y el que (?) más tarde hizo dios padre en la persona de su hijo Jesucristo. Todo muy formativo y yo diría que para morirse de espanto.

De espanto porque me parece difícil de creer que un hombre de ciencia que ha viajado por muchos lugares, que habla tantas lenguas, que ha vivido en otros países, etc. pierda el tiempo estudiando arameo –ahora en cada visita me suelta frases en arameo, no es broma– y me pregunta por otros fragmentos de las Escrituras de los que no tengo ni idea y mucho menos porque la pregunta la hace citando el libro, capítulo y versículo.

Hacía muy bien la iglesia católica cuando amenazaba de muerte a quien se atreviera a leer la Biblia, porque una mente sana puede quedar bloqueada ante tal exhibición de maldad y despotismo y una mente medianamente enferma puede acabar abrazando cualquier extravío.

No se trata de exagerar ni de amedrentar, simplemente comience a leer la Biblia y si no muere de aburrimiento y horror tras leerse algunos de sus libros, dedique un rato a reflexionar sobre eso que ha leído y como se dice ahora, hágaselo ver

viernes, 7 de marzo de 2014

Made in China

Me acuerdo de que cuando era un niño se pusieron de moda unos relojes de sobremesa muy peculiares y que nunca he vuelto a ver. Se compraban en Gibraltar o Canarias y eran de metal dorado, en vez de péndulo tenían cuatro bolas unidas en cruz que giraban horizontalmente suspendidas de lo que parecía una hebra metálica y todo el conjunto estaba encerrado en una urna de cristal que encajaba sobre la base metálica. Fue el primer artilugio procedente de Japón al que eché el ojo y entonces pensé que era curioso que unos seres tan primitivos pudieran fabricar un chisme tan sofisticado y delicado. No hace falta que diga quiénes y cómo resultaron ser los japoneses de los que tan poco sabíamos, salvo que atacaban tan ciegamente como los indios del lejano oeste en aquellas películas sobre la segunda guerra mundial. Fue toda una sorpresa descubrir lo tecnológicos que eran.

Supongo que algo parecido ha debido pasarme con los chinos, aunque en este caso no recuerdo ningún artefacto ingenioso y también mi conocimiento de esa gente iba poco más allá que lo visto en las películas aquellas de Fu-Manchú y compañía, con sus largas coletas, sus curiosos gorritos y sus pequeñas hachas escondidas en las anchas mangas, aquellas películas caracterizadas por su abundancia de trampas, según se decía.

En este caso ha sido una invasión sin estridencias, nada de pateras o dramáticas carreras en la frontera ni violencia de ninguna clase. De manera casi fantasmal y trayendo consigo todo tipo de quincallería la mayoría de las veces inútil o de duración efímera, estos inmigrantes han llegado poco a poco y sin que sepamos mucho sobre las facilidades que encuentran, aunque se dice que no piden créditos a los bancos porque se ayudan entre ellos, que –teóricamente– no mueren porque cuando uno se va de este mundo otro recoge su pasaporte y legaliza con ello su situación, que casi están exentos del pago de impuestos durante un largo periodo y que cuando ese plazo toca a su fin traspasan el negocio a otro chino en una práctica rotativa que les permite burlar las leyes fiscales. Total, para nosotros es casi tan difícil distinguir un chino de otro como distinguir una gallina de otra, no es fantasía sino una realidad biológica.

Han encontrado en nuestro país el entorno adecuado, pues –por ejemplo– sus tiendas de alimentación venden bebidas alcohólicas sin el imprescindible permiso, pero no importa porque las autoridades municipales no les molestan con esos requerimientos y hasta permiten el asentamiento de un camello a 10 metros de su tienda de alimentación, que surte de mercancía a los jóvenes que acuden a comprar allí sus bebidas para hacer botellón en otra parte o en su cercanía. Sin duda existe una admirable amistad entre municipales y chinos.

El caso es que –ya lo dije otra vez– en 200 metros a la redonda de mi casa hay tres bazares, dos tiendas de alimentación, un bar, una cafetería y un restaurante chino (como su mismo nombre indica). En el caso del bar y la cafetería se trata de negocios que eran españoles, pero que debieron recibir buenas ofertas como para traspasarlos a los orientales. Como es natural, se ven chinos constantemente por la calle, sus coches invaden los espacios para aparcar sin mucho miramiento y tienen alquilados varios garajes en donde almacenan sus existencias y no sus vehículos. Están programados para hacer caso omiso de nuestras leyes y normas y por eso es normal que se desmarquen de los pagos de las comunidades de vecinos y de los acuerdos locales.

Lo que nos viene de China ya sabemos qué es: artículos de baja calidad en general fabricados a precios de risa y vendidos aquí a precios de sonrisa. Pero no nos engañemos, esta gente va subiendo escalones en su industrialización y no se limitan a fabricar trastos, sino que también son quienes manufacturan buena parte de los coches que se venden por el mundo, los teléfonos inteligentes, las tabletas, los eReaders (mal llamados ebooks) y hasta poseen la exclusiva mundial de muchas de esas patentes, como son todas las pantallas de esos lectores de ebooks, porque es un invento de ellos. Fabrican sus aviones, satélites y poseen una industria pesada de alta tecnología y muy competitiva. Incluso he leído que se disponen a fabricar su propio avión tipo jumbo para competir con Boeing y Airbus.

Estamos en un mundo globalizado, eso no es ninguna novedad, pero lo que pocos perciben es que a los europeos nos quedan pocos años de vida como tales, pues seremos engullidos, fagocitados, por la invasión de estos orientales por un lado y por africanos casi incontenibles e incontenidos –gracias a los buenistas– de otro lado, así que es una auténtica suerte no vivir dentro de 50 años porque las cosas se van a poner realmente feas.