sábado, 5 de julio de 2014

Rolling Stones ¿forever?: no, por favor

El pasado día 25 de junio tuvo lugar en Madrid, en el Santiago Bernabeu, el que dicen que será el último concierto de este grupo en España algo que, teniendo en cuenta que ya ha sido dicho varias veces, no debe ser tenido muy en cuenta, más aún considerando que sus conciertos son un negocio muy lucrativo y sin riesgo, salvo el de que alguno de sus vetustos miembros sufra una luxación durante el recital.

He leído que ha llegado a pagarse hasta 4.500€ por una entrada VIP y las entradas normales tampoco es que las regalaran. Tengo que decir para dar ya una idea de lo que opino de este grupo que aunque me hubieran ofrecido gratis una de esas entradas VIP no habría ido. Se dijo en la prensa que en la prisión de Guantánamo torturan o torturaban a los presos poniéndoles heavy a buen volumen. Conmigo bastaría ponerme a los Rolling para que delatara a quien quisieran, confesara todo lo que pudiera saber y de no cesar el ruido llegaría a abrirme las venas.

Dicho lo anterior, que con seguridad causará escándalo, furor, desprecio, etc. etc., tengo que aclarar que este grupo me disgusta desde su creación hace más de 50 añosy que el paso del tiempo no ha hecho sino aumentar este desagrado. Soy amante de la música y entiendo que eso me hace incompatible con grupos como éste, porque no es la música el material con el que esta gente trabaja, sino otros asuntos como el ruido aturdidor, el escándalo, los saltitos y contorsiones, los vatios de sonido, el láser…  el espectáculo, vamos. Nada que ver con los que en su día fueron sus supuestos rivales, The Beatles, estos sí llenos de melodía, armonía y en resumen de gusto notable en la mayor parte de su obra. Además, tuvieron la decencia de disolverse a los diez años de trayectoria.

Haciendo un esfuerzo, me he leído unas cuantas crónicas del concierto de Madrid y en ninguna de ellas se hace la más mínima referencia a la musicalidad de esta gente o la calidad de sus nuevas canciones; siempre se nombra su energía, su espectáculo, su longevidad y las cuatro canciones de siempre. Digo cuatro porque las tengo contadas.

Es curioso, no creo que sean más de esas cuatro melodías de los Rolling Stones las que una persona de la calle pueda recordar o tararear, y prácticamente ningún intérprete las versiona, mientras que son cientos las versiones que se han hecho de las canciones de The Beatles en entornos musicales muy diferentes, desde el rock al jazz, desde la música clásica al pop. Hay una gran diferencia, aunque es cierto que las comparaciones son odiosas y más en este caso en que se comparan dos grupos que perseguían diferentes objetivos.

Es posible que alguien esté ya rumiando ese dicho que rechazo y he rechazado incluso en este blog varias veces, eso de «sobre gustos no hay nada escrito», que viene a ser la coartada para justificar cualquier desatino. Es cierto que cualquiera tiene todo el derecho de ser un fanático de los Rolling Stones, a pagar 5.000€ por una entrada (si los tiene) y a coleccionar y escuchar sus discos con pasión, pero de ninguna manera debería presumir por ello de ser un amante de la música.
  
Este grupo es, eso sí, un fenómeno de masas –como lo es el fútbol– y por esa razón arrastran multitudes y por esa razón los famosos acuden invariablemente a sus conciertos para que pueda comprobarse que no se pierden una.

Y ahora, escuchemos el último hit de esta gente, ¿Satisfaction?, ¿Sympathy for the devil?......