jueves, 29 de enero de 2015

¡A por los griegos!

En anteriores entradas no he disimulado mi escaso entusiasmo por Syriza y por esos que dicen ser sus hermanos en esta piel de toro (estaba deseando una oportunidad para soltar esa memez), pero  me encuentro espantado al ver que todos esos extraviados se han transformado en el objetivo a batir del PP y de los gobernantes europeos en su conjunto.

Han dirigido el grueso de sus baterías contra ellos, dejando al PSOE algo huérfanos de ataques, pero aunque se dedica mucho tiempo y esfuerzo a intentar acabar con el nuevo enemigo común, siempre habrá su ración de maldad para sus adversarios de siempre.

No he conseguido oír una sola vez en TVE referirse a Syriza o Podemos sin calificarlos necesariamente de radicales –concretamente, izquierda radical– para intentar ser como la gota de agua en la piedra que en este caso cale en la mente de los españoles que esa gente solo van a traer desgracias y que van a ser como una maléfica mezcla de Stalin y el patético Nicolás Maduro.

Han ganado las elecciones en Grecia y de inmediato los europeos se han lanzado a asegurar que no se les va a perdonar ni un euro de la deuda. Parecen olvidar lo que la prensa recordaba el otro día sobre la conferencia europea de 1953, en la que los 25 países acreedores de Alemania acordaron una quita del 62% de su deuda (Acuerdo de Londres). Entre esos países se encontraban los muy pobres –y más, entonces– España y Grecia. Todo, porque se admitía que con aquella enorme deuda, Alemania no iba a levantar cabeza jamás. Por cierto que el 38% restante de la deuda terminaron de pagarla los alemanes en 2010, 57 años más tarde.

Ha cometido Syriza el tremendo error de no incluir como coartada ninguna mujer en su nuevo gobierno, y eso ha provocado de inmediato que se lancen contra ellos hasta los que son tan feministas como John Wayne. Ni se les ocurre que en este momento sólo dispusieran de varones para ocupar los cargos de ministros o alguna otra razón válida; las cuotas han de mantenerse por encima de todo, aunque el resultado sea una Bibiana Aído o una Fátima Báñez.

Como cabía esperar, su prima de riesgo se ha elevado de inmediato por encima de los 1000 puntos, lo que significa que es imposible cualquier endeudamiento para atender lo más urgente, porque los intereses que se derivan de esa prima de riesgo son simplemente pura usura. Todo vale, todo con tal de cerrarles cualquier fórmula que haga viable su gobierno y conseguir quitar de la cabeza a cualquier otro país del sur que hay otro camino que el marcado por el BCE y Merkel.

Por cierto, los finlandeses –y parecían tontos…– han remachado que por su parte no perdonan ni un euro, están repitiendo desde hace un tiempo que de quitas a quien sea y cuanto sea, ni hablar. Me temo que odian a la humanidad por no comprarles ya sus teléfonos Nokia.

martes, 27 de enero de 2015

Podríamos

Nadie lo diría, pero hace sólo unos meses que casi nadie había oído hablar de Podemos, hoy resulta que ha superado en intención de voto al mismísimo PSOE y hasta al rey de las mayorías absolutas, el PP, ¿qué ha pasado para que lleguemos a esta situación?

No hay que ser licenciado en Políticas ni politólogo diplomado para encontrar las razones principales de este éxito, se llama populismo, aprovechamiento de la coyuntura socio-económica incluido. Han mezclado el hartazgo de la mayoría a causa de los recortes y por la corrupción generalizada, prometiendo al tiempo lo que a casi todos nos apetece oír.

Hay que tener en cuenta que, de manera general, la justicia social es un tema perdido, pues al egocentrismo extendido y a la globalización reinante se junta el dominio universal de la derecha, de las organizaciones empresariales, de las multinacionales y de los organismos y países que controlan buena parte de lo que se mueve por el mundo, tal y como el FMI, el BM, el BCE, la UE, USA y lo que para mí es lo peor de lo peor: la OMC (la Organización Mundial del Comercio) y los Tratados de Libre Comercio bilaterales o multilaterales. Dicho sea sin olvidarnos de Alemania y su Führer Merkel.

Lo he dicho muchas veces, miren las prendas que llevan puestas en este momento, examinen sus pequeños electrodomésticos y sobre todo sus aparatos electrónicos (tabletas, móviles, ordenadores, etc.). Desde la camisa a los calcetines y quizás los zapatos, desde su pimpante iPhone a su portátil HP, todo está fabricado en China o en sus países satélites, sea Pakistán, Tailandia, etc., ¿de verdad creen que esto no tiene más consecuencia?

Usted está tan contento de poder comprar ciertas cosas tan baratitas –que cada día son menos baratas– y no se fija en que simultáneamente ha desaparecido casi todo el tejido industrial de consumo establecido en España, desde fábricas de camisas a fábricas de televisores. Eso significa paro, déficit en la balanza de pagos, ruina, bajón del nivel de vida. ¿Cómo vamos a competir con fábricas asiáticas que pagan a sus empleados el equivalente a entre dos y cuatro euros al día?, ¿les parece normal que se pueda comprar unos alicates en un bazar chino por dos euros (un regalo) y en la ferretería de siempre por doce euros (un robo)?

Disfrutamos actualmente de un gobierno calamitoso, que sólo ha sabido enriquecer a los suyos, mentir y seguir los dictados de doña Angela, llevando a la población a un estado de ruina inaceptable, de manera que al tiempo surge, como cabía esperar, el partido oportunista –populista– que promete arreglar todo y que dice todo lo que estamos deseando escuchar. Desbanca a todos los partidos establecidos, sin excepción, y hay muchos de sus incondicionales que deberán tomar tranquilizantes para ser capaces de esperar hasta las próximas elecciones generales, cuando esperan presenciar la subida al poder de su mesías Pablo Iglesias y su vehículo político Podemos.

De verdad que me gustaría equivocarme, pero estoy convencido de que todos esos inocentes, que no saben que los reyes son los padres, se van a ver frustrados cuando llegue el momento de la realidad. El otro día le preguntaban al gran timonel en televisión cómo iba a implantar la jubilación a los 60 años (perdón, ya dicen que a los 65) que prometía y la jornada semanal de 35 horas (las dos, aspiraciones muy justas de todos). La respuesta exacta no la recuerdo, pero era más o menos que llegado el momento lo estudiarían. A la iglesia católica y su presencia omnímoda en todos los estamentos del estado ni la nombran, quizás porque no quieren debates que puedan arrebatarles votantes creyentes. Teniendo en cuenta que Pablo Iglesias ya se desprendió de sus piercings y limitó su aspecto rebelde al asunto capilar, está claro que no quieren presentar ninguna arista antes de conseguir esa mayoría absoluta con la que sueñan.

No milito en ningún partido y ninguno cuenta incondicionalmente con mi voto, pero yo diría que es mucho más sensato dejarse de nuevos partidos (vean la historia de Italia de hace unos 20 años) y emplear todo el esfuerzo en depurar los existentes, por aquello de no repetir los ciclos. Todo lo demás puede estar condenado al fracaso y lo que es peor, a la frustración. No hay que olvidar que la materia prima de todos los partidos son los ciudadanos, españoles en este caso, y ya sabemos que eso no da para mucho...

Como es tradicional en España, debemos ser contados los que hemos leído el programa inicial de Podemos, parece mentira que siempre caigamos en la misma trampa. La gente vota según el aspecto del líder y lo que dice en sus arengas, olvidando lo que decía el veterano Anguita: programa, programa, programa.

No soy profeta y desconfío de quienes afirman serlo, así que no puedo decir exactamente lo que sucederá, pero a grandes rasgos podría ser que no le votarán tantos como dicen ahora las encuestas, luego no alcanzarán ninguna mayoría absoluta. Después se enfrentarán a la realidad de que no es lo mismo prometer que gobernar; pasado cierto tiempo se desinflarán y quedarán como uno de esos partidillos residuales (UPyD, Ciudadanos, etc.) y su líder se dedicará a otros menesteres, porque está claro que él sólo juega para ganar. Y se acabó, más o menos.

Aclaro que todo lo que digo no implica que rechace rotundamente dar mi voto a estos señores, porque por encima de todo está votar contra los que nos han llevado a una situación ruinosa, hacerles temblar –una tentación– al ver que el poder se les escapa, reteniendo solo la alcaldía de algún pueblecillo, pero antes de votar a Podemos me gustaría contemplar cómo actúan cuando toquen poder.

lunes, 26 de enero de 2015

Seis meses después

Me costó trabajo decidirme a cerrar el blog –quizás debería decir dejarlo en hibernación– hace ya casi seis meses, produce escalofríos ver cómo pasa el tiempo. Como se pueden imaginar, también he pensado y repensado lo de abrirlo de nuevo. Aquella decisión se ha tambaleado algo ante la insistencia de un par de amigos para que revierta esta postura y aportaban su razonable argumentación de que si voy a seguir escribiendo, mejor ponerlo aquí y que se airee aquello que pienso sobre algunos asuntos. No sé, quizás soy demasiado indeciso, quizás aquellos argumentos que daba para el cierre siguen pesando en mi ánimo porque siguen siendo ciertos…

La cuestión es que he decidido volver a poner algunas entradas, pero sin considerarme obligado a ninguna frecuencia determinada y también considerando la posibilidad de no publicar algunos de los artículos que escribo porque me parece que a veces tienen demasiado parecido con unas confesiones y esas son cosas que no me gusta exponer ni seguramente agrade en exceso a quienes entren por aquí. No siento excesivo entusiasmo por los británicos como individuos, pero hay características suyas que me agradan y procuro seguir, entre otras, la exigencia de un espacio físico propio, no me entusiasman esas efusiones tan hispanas de los abrazos, los palmoteos en la espalda y el toqueteo en los brazos u hombros mientras hablamos con otros o ese arrimarse en exceso a y de los demás cuando no hay necesidad o viajamos en transporte público.

Durante este tiempo he seguido leyendo algún blog que me gusta por su sentido del humor o por el tema al que se consagran, hay de todo, aunque ya decía que sobran blogs y faltan lectores, porque a fin de cuentas los españoles somos poco dados a leer, pese a esa encuesta publicada en la prensa en donde se decía que posee un cierto hábito de lectura nada menos que el 63% de la población. Cifras que sorprenden, también cuando vemos que el país en el que, de promedio, más tiempo se dedica a la lectura es la India, que casualmente tiene una tasa de analfabetismo superior al 39%. Y eso no es nada, en Finlandia dicen tener un promedio de 47 libros por habitante y año. Difícil de creer lo uno y lo otro, salvo que en ese hábito de lectura incluyamos los cómics –antes llamados tebeos– o el Marca como válido para la estadística, ya pudimos ver no hace mucho que nuestro ínclito presidente de gobierno parece no separarse de ese diario, es lo máximo que el pobre hombre parece que puede dar de sí. Su verdadera profesión –nunca abandonada– de registrador de la propiedad, induce a pensar que probablemente tiene buena memoria y seguramente pocas entendederas.

Quizás haya influido también en mí para esta especie de reapertura que el que fuera mi mejor amigo durante la adolescencia haya iniciado recientemente su propio blog, tan apasionante por cierto como la imagen por defecto del escritorio de Windows XP: ¿recuerdan?, una verde colina, un cielo azul y unas poquitas nubes. Por cierto que este amigo, siguiendo su tradición de desentenderse de asuntos menores o labores manuales, se ha buscado entre sus amigos más cercanos un escudero –webmaster le dicen–  que le evite la para él humillante y agotadora tarea de crear y mantener el blog e insertar sus ocurrencias. Suerte.

Es este bloguero novel el mismo que hace años, al inicio de la existencia de éste mi blog, me anunció su intención de no leerme porque ya sabía lo que yo iba a escribir, una clarividencia que he de confesar que me produjo enorme envidia, porque yo mismo ignoraba lo que iba a poner. Coincidiendo con las vísperas de la aparición de su blog, me anunció su propósito de leerse todas las entradas del mío, una a una; me temo que va a necesitar tiempo para no empacharse.