viernes, 29 de enero de 2016

Soy varón. Mea culpa

Es muy probable que alguno al leer el título lo interprete como una declaración abierta al universo de lo macho que soy. Se equivocó. Soy varón de la manera más modesta que puedan imaginar, sólo repitiendo lo que se dice en mi partida de nacimiento y consciente de que, además, no está el horno para bollos.

Asistimos a una persistente e intensa caza del hombre y vislumbro no muy lejano el momento en que tendremos que tomar medidas para pasar desapercibidos –¿travestidos quizás?–, porque si todos los humanos tenemos la desgracia de nacer con el llamado pecado original –que ya son ganas de culpar– los varones tenemos que cargar con el estigma añadido de serlo.

Tenemos en la actualidad unas leyes que ya obligan a muchos hombres a defenderse de un delito que no han cometido, ponga mucho cuidado en que su pareja femenina no tenga un mal día y le denuncie por agresión. Es casi seguro que esa noche la pase en el calabozo y si ella se mantiene en su actitud, seguramente tenga que salir de su casa y quedarse sin casa y sin hijos menores de edad, si es que los tiene. Hay muchos en esa situación, porque el principio de inocencia no rige cuando se juzga a la mitad masculina de una pareja.

Eso no les basta a los colectivos feministas –con ínfulas de mantis religiosa– que, no acabo de comprender con qué fines, desean la promulgación de unas leyes más severas en las que el hombre sea cazado como si de un peligro social se tratara. Se denomina crimen machista a cualquier acto de violencia en que el agresor sea un varón y la víctima sea una hembra, no importan las circunstancias en que se produzca esa agresión. No hace mucho, un hombre disparó contra su ex pareja y contra la madre de ella que la acompañaba (vaya, todos ellos eran gitanos) con el resultado del fallecimiento de las dos mujeres. De inmediato se ha calificado la muerte de ambas como de crimen machista. ¿Si en vez de acompañarla su madre hubiese sido su padre y resultara muerto, ¿habría sido un crimen machista? Si al perseguir al culpable una agente de la guardia civil hubiera resultado muerta, ¿sería también un crimen machista? Sinceramente, no conozco la respuesta.

Muy recientemente se ha producido un caso que me parece llamativo. En una pareja divorciada ya, ella ha interpuesto 19 denuncias contra el marido por maltrato psicológico de las que él ha sido absuelto en 18 ocasiones. Éste hombre, ha puesto a su vez  4 denuncias contra ella por no cumplir lo dispuesto por el tribunal sobre el régimen de visitas de la hija común de 15 años. En las cuatro ocasiones ella ha sido condenada –la primera cuando la hija tenía 12 años–, y aun así no ha obedecido lo ordenado por la sentencia. Finalmente, ella ha sido indultada de dos de las condenas –las más graves– en consideración a que la hija no desea visitar al padre. Nada se habla de que esa hija ha podido ser aleccionada por la madre, ya que convive con ella. El último indulto ha sido concedido tras producirse incluso manifestaciones populares a las que, ¡cómo no!, acudían hombres.

Creo que partiendo de una situación inaceptable, la de la violencia del hombre hacia la mujer, se está llegando a unas conclusiones que distan mucho de ser equilibradas y justas. Yo diría que debería perseguirse la violencia en cualquier sentido y practicada contra quien quiera que sea siempre que haya pruebas, y la mujer debe dejar de ser permisiva y denunciar la primera agresión que se produzca en la pareja o sencillamente separarse. Esas leyes con discriminación positiva hacia la mujer no deberían existir, la discriminación es siempre injusta y en demasiadas ocasiones criminal. El argumento de que el hombre maltrata a la mujer precisamente por ser mujer me parece surrealista y falaz, un invento de manipuladores que ha conseguido más éxito del que merece. En 2015 han muerto 26 niños a manos de sus padres o parejas de sus madres, ¿los han matado precisamente por ser niños? Al menos 29 hombres –el gobierno no proporciona cifras y hay que contarlo en las noticias de prensa– (ver) han muerto a manos de sus parejas femeninas, ¿cómo lo llamamos?

En la prensa y los telediarios nos machacan día tras día con las bajas provocadas por la mal llamada violencia de género. Me gustaría, aunque sé que nadie me hará caso, que se hicieran dos cosas: una, separar los crímenes cometidos por extranjeros, incluso de origen, porque ya saben que algunos europeos orientales, sudamericanos o magrebíes son a veces demasiado proclives al maltrato, y con eso se comprobará que si de entrada estamos por debajo incluso de los países nórdicos en número de víctimas, con esa exclusión vamos a resultar un ejemplo para la humanidad. Otra cosa que me gustaría es que también se le diera la publicidad paralela a los hombres muertos por sus parejas femeninas, he leído cifras en la prensa y no es cosa de pasar por alto. Tampoco está de más recordar que si históricamente el hombre ha practicado con demasiada frecuencia la violencia física contra la mujer, no es menos cierto que también han sido sus víctimas otros hombres más débiles. Y, para compensar, habitualmente la mujer ha ejercido violencia psicológica contra el hombre y en demasiadas ocasiones ha tratado de humillarlo. Claro que eso no deja moratones.

Más o menos conscientemente, todos perseguimos una situación de privilegio, lo pintoresco es que la mujer lo está consiguiendo, y para que resulte más pintoresco todavía, con la ayuda y asistencia de hombres. En este mismo blog es fácil encontrar entradas donde abogo por la igualdad entre hombres y mujeres, pero consecuentemente no pienso mover un dedo para que la mujer tenga más derechos que el hombre. A finales de los años 80, algunas mujeres deseaban formar parte de las fuerzas armadas –hasta entonces no se les permitía–, pero su lucha era por entrar en la Academia General Militar de Zaragoza para hacerse oficial, y fue muy noticiable el caso de una fémina obsesionada por ser piloto de caza. En poco tiempo abundaron las mujeres que querían abrazar la carrera castrense y reclamaban a gritos igualdad, que consiguieron sin limitaciones a finales de los 90. Entonces existía el servicio militar obligatorio, pero ni una sola mujer reclamó ser reclutada exactamente igual que lo eran los hombres; ni siquiera por solidaridad. Creo que es un buen ejemplo de lo que las feministas entienden por igualdad.

2 comentarios:

Dr. Gonzo dijo...

Un artículo muy necesario... y arriesgado, puesto que cuestionar el mantra "hombres malos-mujeres buenas" es, hoy en día, un deporte muy peligroso.

Enhorabuena, y ojalá algún día lleguemos a una igualdad REAL, sin discriminación positiva de ninguna clase. Desnudar a un santo para vestir a otro no sirve de nada, al contrario.

Mulliner dijo...

Merece usted una medalla a la osadía, porque pese a que la entrada la han leído bastantes lectores, hay mucha reticencia a dejar un comentario. Como ya sabe seguramente, ese es un problema de todos los blogs, excepto el de Sara Carbonero y otros del mismo estilo... Muchas gracias por su esfuerzo.